Un término vaciado de significado
Pocas palabras han sido tan abusadas en el debate político contemporáneo como "populismo". Utilizada por igual para descalificar a líderes de izquierda y de derecha, para justificar golpes institucionales y para explicar victorias electorales sorpresivas, la palabra ha perdido precisión analítica. Pero el fenómeno que describe es real, y entenderlo es indispensable para leer la política del siglo XXI.
¿Qué es realmente el populismo?
En términos politológicos, el populismo es una lógica discursiva que divide la sociedad en dos bloques antagónicos e irreconciliables: el pueblo puro y la élite corrupta. No es una ideología en sí misma —puede combinarse con el nacionalismo, el socialismo o el liberalismo— sino una forma de construir la política como un conflicto moral entre lo auténtico y lo ilegítimo.
Esta definición, asociada al politólogo Cas Mudde, tiene una ventaja clara: permite distinguir al populismo de la demagogia simple y reconocerlo tanto en Hugo Chávez como en Jair Bolsonaro, tanto en Andrés Manuel López Obrador como en Javier Milei.
Los ingredientes que alimentan su ascenso
El populismo no surge de la nada. Prospera en condiciones específicas que los sistemas políticos establecidos suelen ignorar o agravar:
- Crisis de representación: Cuando los partidos tradicionales dejan de responder a las demandas de amplios sectores sociales.
- Desigualdad económica percibida: No siempre la pobreza objetiva, sino la sensación de injusticia y de que las reglas del juego están amañadas.
- Pérdida de confianza institucional: Escándalos de corrupción, impunidad reiterada y justicia selectiva erosionan la legitimidad del sistema.
- Cambio cultural acelerado: Las transformaciones en los valores sociales crean ganadores y perdedores culturales, y el populismo capta el resentimiento de estos últimos.
Populismo de izquierda vs. populismo de derecha
| Dimensión | Populismo de izquierda | Populismo de derecha |
|---|---|---|
| Identidad del "pueblo" | Clases trabajadoras, excluidos económicos | Nación, identidad cultural tradicional |
| Definición del "enemigo" | Oligarquía económica, imperialismo | Élites globalistas, migrantes, minorías |
| Rol del Estado | Interventor, redistributivo | Defensor de la identidad nacional |
| Ejemplos recientes | Podemos, MAS boliviano | VOX, Trump, Bolsonaro |
El dilema democrático
El populismo plantea una paradoja incómoda para la democracia liberal: a menudo llega al poder mediante elecciones legítimas, pero una vez instalado tiende a erosionar las instituciones que hicieron posible esa llegada. Controlar la justicia, acosar a la prensa independiente, reformar las reglas electorales a su favor: estos son patrones recurrentes que los analistas denominan erosión democrática gradual.
La respuesta a esta paradoja no puede ser simplemente negar la legitimidad electoral de los líderes populistas. Requiere algo más difícil: que las democracias liberales resuelvan los problemas reales —desigualdad, corrupción, exclusión— que alimentan el descontento sobre el que el populismo prospera.