El periodismo que incomoda, incomoda a alguien
Desde la publicación de los Papeles del Pentágono hasta las revelaciones de los Panama Papers, el periodismo de investigación ha demostrado ser una herramienta indispensable para las democracias. También ha demostrado ser peligroso: para los periodistas que lo practican, para los medios que lo publican y, en no pocas ocasiones, para las fuentes que lo hacen posible.
En los últimos años, ese peligro ha aumentado y se ha diversificado. Ya no se trata solo de amenazas físicas en contextos de guerra o de gobiernos autoritarios. Las presiones sobre el periodismo de investigación operan hoy en múltiples capas, incluso en democracias consolidadas.
Las formas de presión contemporánea
Presión legal: el lawfare periodístico
Una táctica creciente entre actores políticos y económicos poderosos es el uso estratégico de la justicia para silenciar investigaciones. Las demandas por difamación, la solicitud de revelación de fuentes o las querellas penales no buscan necesariamente ganar en los tribunales: buscan agotar los recursos económicos del medio y atemorizar a sus periodistas. Este fenómeno tiene nombre en inglés: Strategic Lawsuits Against Public Participation (SLAPP).
Presión económica: la publicidad como instrumento de control
En muchos mercados mediáticos, el principal financiador de los medios sigue siendo la publicidad, tanto privada como gubernamental. Los gobiernos y grandes empresas utilizan la asignación —o la retirada— de pauta publicitaria como mecanismo de premio y castigo. Un medio que publica una investigación comprometedora puede ver evaporarse en semanas los ingresos que lo sostienen.
Vigilancia digital
El caso Pegasus y otros programas espía similares revelaron que las comunicaciones de periodistas de investigación en múltiples países habían sido intervenidas. La vigilancia digital no necesita materializarse en una detención para ser efectiva: basta con que el periodista sepa —o sospeche— que está siendo vigilado para que modifique su comportamiento y sus fuentes comiencen a desaparecer.
Modelos que resisten
A pesar del contexto adverso, el periodismo de investigación ha encontrado formas de adaptarse y sobrevivir:
- Medios sin ánimo de lucro: Organizaciones financiadas mediante donaciones ciudadanas o fundaciones que eliminan la dependencia de la publicidad y de los grandes accionistas.
- Colectivos de periodistas independientes: Equipos pequeños y ágiles, sin redacción física fija, que minimizan la exposición y comparten costos.
- Colaboraciones internacionales: El modelo del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) —que coordinó los Panama Papers— muestra que distribuir una investigación entre decenas de medios de distintos países hace casi imposible silenciarla.
- Formación en seguridad digital: El uso de comunicaciones cifradas, fuentes anónimas gestionadas a través de plataformas seguras y buenas prácticas de higiene digital se ha vuelto parte indispensable del oficio.
La pregunta de fondo
¿Puede sobrevivir el periodismo incómodo en un ecosistema mediático dominado por la concentración, la desinformación y la vigilancia? La respuesta honesta es: depende. Depende de que existan ciudadanos dispuestos a financiarlo, instituciones dispuestas a protegerlo y periodistas dispuestos a asumir los riesgos que conlleva. Ninguna de esas condiciones puede darse por garantizada.