Triángulo de amor y celos entre PP y PSOE en Madrid

La diputada autonómica popular, Elena González-Moñux, ex de su jefe de filas en la Asamblea de Madrid, el portavoz Enrique Ossorio Crespo, mantiene con el socialista, José Manuel Franco, una relación secreta que le ha costado la marginación y una denuncia por acoso laboral al partido de Cifuentes

Una historia de amor y celos mantiene en vilo a la Asamblea de Madrid. El vodevil comenzó cuando González-Moñux y Franco iniciaron una relación sentimental que no gustó nada al PP por la información que pudiera filtrarse con la pasión de por medio.

Hasta tal punto llegó el asunto que los populares comenzaron a hacerle el vacío a su compañera. Se quedó sola, sin apoyos ni defensa desde su bancada, ni en público ni en privado. La acusaron de actuar por despecho y venganza, influida por amor, extraños intereses y resentida porque Cristina Cifuentes no le dio lo que quería, un puesto en el Gobierno regional.

Un enfrentamiento total que acabó en los tribunales con la denuncia de González-Moñux a Ossorio por los presuntos delitos de integridad moral, lesiones psíquicas, amenazas, coacciones y contra los derechos de los trabajadores. Curiosamente, Ossorio había sido pareja de González-Moñux y los celos también podrían habían hecho mella en el dirigente popular. La reconciliación era imposible.

La diputada no aguantó la presión y terminó de baja laboral por depresión. No obstante, acudía a los plenos para votar cuestiones importantes, ya que su voto era clave para que el PP pudiera sacar adelante sus medidas, principalmente los presupuestos.

El culebrón dio un giro inesperado el día en el que González-Moñux no se presentó a una votación para la que era necesaria. La sorpresa fue que tampoco acudió un diputado socialista por lo que su presencia no era necesaria. ¿Cómo supo que el PSOE tendría una baja aquel día?

La respuesta la encontramos en su noviazgo socialista que pone de los nervios al PP, temeroso de que se filtre información al enemigo y que el giro amoroso de una bancada a otra tenga el mismo efecto que un torpedo en la línea de flotación de los populares en Madrid.

Ossorio no va a olvidar la afrenta y está muy dolido. Cifuentes la tiene sentenciada políticamente. No le perdonan que fuera a contarlo todo a la prensa hasta el punto de que ha acabado dejando su acta de diputada a cambio de ser nombrada directora de la Fundación de la Energía de la Comunidad de Madrid. González-Moñux no lo puso nada fácil y es que también está dolida porque entiende que a pesar de la salida que le han dado, el partido y su amiga Cifuentes la han abandonado. Siempre le quedará el amor en el PSOE.

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